domingo, 6 de marzo de 2011

Aplicación para tomar decisiones

En cierta ocasión, mi tío delegó en mí para que organizara las estanterías de la tienda, y, por mucho que me quejé, no cambió de opinión (es muy difícil escuchar quejas con los oídos tapados, gritando “¡LALALALALA!” y alejándose a todo correr). Incapaz de resolver por mí mismo el problema, tecleé en Google dos palabras al azar, y este enlace surgió ante mis perezosos ojos.

La bola mágica tiene una mecánica muy sencilla: escribes la pregunta, pulsas el botón y lees la respuesta. Gracias a eso pude finalizar el trabajo (aunque en el doble de tiempo que habría utilizado haciéndolo sin más).

¡Señora! ¿Dudas sobre su inminente fiesta de sociedad? ¿No sabe si es buena idea tener un escarceo sexual con ese atractivo aparcacoches? ¡No dude en utilizar esta maravilla! Puede elegir entre preguntárselo a la bola mágica o entregársela a su marido para que se entretenga mientras usted se tira al aparcacoches.

¡Caballero! ¿Problemas con esa quiniela? ¿Necesita un empujoncito que le ayude a decidirse? ¡La bola mágica inclinará la balanza a su favor! Y si no acierta, siempre puede culparla a ella en vez de pensar que es usted un gi(FALTA TEXTO, POR FAVOR, DISCULPEN LAS MOLESTIAS).

P.D.: Respecto a lo de la organización de la tienda. Cuando mi tío volvió para ver los resultados y se encontró “Bolero Mix 4”, “Grandes éxitos del qawwali” y un recopilatorio de los “Dying Fetus”, decidió que nunca más me dejaría al cargo de nada demasiado relevante… como veis, usé la bola mágica y todo salió a pedir de boca.

sábado, 5 de marzo de 2011

Yo tampoco las haría ascos, créeme


Vale, no es Banksy precisamente… ¡pero precaución, amigo conductor! Quizás esta pintada te parezca poco, pero no es así. Es más, citando a La Perra Verde en su comentario, no se puede pedir más en menos.

Mientras parte de la población de Oriente Próximo y el norte de África se levanta contra los dictadores que manipulaban sus vidas amparados en el regazo de las grandes potencias, las cuales no se atreven a intervenir por miedo a que sus intereses económicos se vean perjudicados; el “mundo desarrollado” sigue apoltronado en su sofá, viendo pasar medidas “en pro de la superación de la crisis” que acortan su salario, suben sus impuestos y prolongan su edad laboral.

A la luz de esta situación, el hecho de que alguien haga el esfuerzo de hacer una pintada es digno de admirar, aunque sea insuficiente y demasiado espontáneo. Después de todo, ¿qué lecturas podemos sacar de este mensaje? ¿Que su autor no quiere conformarse? ¿Que ya está harto de que unos platos estén llenos a rebosar mientras otros están vacíos? ¿O, por el contrario, que en este alegato hedonista han quedado los últimos coletazos de la conciencia social del “primer mundo”, moribunda desde el momento en el que surgió, por culpa de la represión de quien ostenta el poder?

Vale, no es una cuestión de cigalas, lechuga o tomate raf. Mientras sigan existiendo tanto el Estado y las estructuras de poder, y la esclavitud del trabajo asalariado, seguirá habiendo platos llenos y vacíos. Sin embargo, en esencia la miseria es la consecuencia para la gran mayoría.

Yo no quiero cigalas, yo quiero que Obama, Repsol, Prisa o Angela Merkel paguen la cuenta.

viernes, 4 de marzo de 2011

Cuando la lucha de un hombre empieza dentro de sí, ese hombre vale algo


En 1942, cuando Ucrania fue invadida por el Ejército Nazi, se celebró un partido entre el F.C. Start (equipo formado por prisioneros de guerra, los cuales eran, en su mayoría, ex jugadores del Dínamo de Kiev) y el equipo de soldados de la Wehrmacht.

Los jugadores del F.C. Start fueron amenazados de muerte en caso de que ganaran, de modo que hicieron lo que les pareció más lógico… mearles. El resultado fue 5 a 3 a favor de los prisioneros de guerra, y los alemanes cumplieron con su amenaza. A este hecho se le conoce como “el Partido de la Muerte”.


¿Cuál puede ser el cocktail del que salga un hecho semejante? ¿Valor? ¿Nada que perder? ¿Principios? Alguien dijo que ninguna idea era absurda si había alguien lo suficientemente loco como para morir por ella, y mis neuronas, de nuevo resacosas, se arrastran por mi cerebro como gusanos de seda, intentando ayudarme a comprender.

Pero hay algo claro: si ante una situación injusta decides no arriesgarte, no defender al oprimido, no plantar cara, equivale a ponerse de lado del opresor.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Coged las rosas mientras podáis…


En la fotografía, Charles Bukowski, bebiendo licor en una habitación que es básicamente la pesadilla de cualquier madre.

La normalidad es un ser viejo y desfigurado, con el rostro marcado por el estigma de la rutina y el tedio. La normalidad es el enemigo natural de la vida, de la pasión y de las verdaderas aspiraciones, sepultadas por el criterio de quien nos domina. ¿Quieres ser normal? La normalidad acabará contigo, devorará tu carne y escupirá tus huesos. No seas normal, solo tienes que ser tú.

“No podemos remar en contra de nosotros mismos,
eso transforma la vida en un infierno.”


Walt Whitman

martes, 1 de marzo de 2011

Camino al olvido

En Lo que me toca los cojones (de donde procede esta imagen) lo tienen bien claro.

Quien haya leído la novela de George Orwell 1984, sabrá que su argumento es el concepto en el que se basa el programa Gran Hermano. ¿Cuánta gente se pregunta cómo ha podido ser esto posible? Es como si yo fabricase una máquina que convierte un kilo de miel en uno de mierda sin pasar por sistema digestivo alguno.

Curiosamente, los participantes de este concurso (el cual, curiosamente también, en este Estado ha tenido más ediciones que en ningún otro… que por algo sería, señores de Telecinco) tienen una particular forma de asumir su regreso a la rutina cotidiana.

Como poseídos por un particular Síndrome de Estocolmo, eta gente se aferra a la vida mediática como las sanguijuelas a la piel.

Pero bueno, no me sorprende. Después de todo, a nuestra cultura de masas le encanta crear ídolos de barro para luego condenarlos al abismo. Y es que poca gente reconoce que ve el Sálvame, y si lo hace, lo reconoce con la boca pequeña, al igual que los que admiten a regañadientes que se sometieron a una revisión de la próstata.

Pero nada distingue en su cometido a un aspecto de otro de la cultura que nos venden medios y empresas. Todo sirve al mismo objetivo: alienar.

Es de suponer que, de estar vivo, Orwell ya se habría encerrado en su despacho para, después de vaciar una botella de whisky, volarse la tapa de los sesos.