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lunes, 11 de abril de 2011

Parental advisory


La forma habitual de educar a los niños entraña una curiosidad a la que no parece prestársele la atención merecida: mientras que, por un lado, se trata de inculcar un rechazo hacia la mentira, pasando desde casposas elocuciones como "las mentiras tienen las patas muy cortas" o "con la verdad se llega a todas partes" hasta castigos que penalizan dicha práctica; por otro lado se les miente constantemente.

Ya es un hecho tradicional el de hablar a los más pequeños de cosas como la existencia de seres (a veces tres, a veces uno, a veces humanos, a veces roedores...) que juzgan mágicamente su comportamiento y actuan en consecuencia, las vanas promesas sobre una futura ausencia de venganza física por algo que han hecho, o las titubeantes respuestas sobre el proceso de creación de un infante.

Por ejemplo, uno de los recuerdos que me acompañan desde primaria es un pacto que hizo mi padre conmigo: "si lo apruebas todo con buena nota te compro un ordenador". Nada más lejos de mi intención que presumir de mis habilidades académicas (las cuales parecen ya perdidas de forma irremediable) o menospreciar la visión de conjunto de mi progenitor, pero alcanzar dicha cota no representaba mucha dificultad para mí. El caso es que, cuando me presenté en casa con unas notas impolutas, os podéis imaginar cual fue la respuesta de mi padre.

Sobornos, mentiras, manipulación de mentes aún por formar... ¿y con este panorama a alguien le extraña cómo está el patio? Se puede aprender tanto de las generaciones pasadas...

sábado, 9 de abril de 2011

Vino con barquillo


Durante las fiestas de mi ciudad, hay una caseta, decorada con dos simpáticos maniquíes como los que véis en la fotografía, en la que sirven un vaso de vino con un barquillo de oblea a modo de pajita (pero no es para que bebas, es para que lo mojes y te lo comas... bueno, es tu vino, te lo puedes beber como te salga del r) y, cuando era pequeño, era una tradición obligada para mis padres, tíos, abuelos y todo familiar que me llevase a la feria pasar por allí.

Sin embargo, en lugar de pedir el vino y el barquillo sin más, pedían DOS, siendo yo el beneficiario de uno de los barquillos, y mi acompañante de turno el de los dos chupitos. Si un día tenía suerte y por la mañana mis tíos me llevaban a la feria, a mediodía mis abuelos me llevaban a comer a las casetas, y por la tarde me llevaban mis padres, eran tres los barquillos empapados en vino que me metía para el cuerpo.

Lo más curioso es que ninguno de los invitadores ha llegado a saber jamás que mis demás acompañantes también me convidaban al tradicional barquillo borracho... mejor para mí, claro.

viernes, 1 de abril de 2011

Conversaciones profundas


Bueno, solo tengo una cosa que añadir:

Tatatatatatatatatatatata tatatatatatatatatatatatatatatatatata tatatatatatatatatata tatata tatatatatatatata

Tatata

lunes, 28 de marzo de 2011

I want to ride my bicycle...

Últimamente he estado utilizando mucho la bicicleta. Todas las mañanas la llevo a la universidad (porque yo soy universitario, que lo sepáis) y la dejo candada en un aparcamiento para bicis que hay a la puerta (que caben diez como mucho, y, aun así, siempre está casi vacío). Cuando llega la tarde, vengo a la tienda y la guardo en el almacén (y/o trastienda).

El caso es que estas andaduras sobre dos ruedas me han hecho recordar la feliz época de mi infancia en la que mi padre me enseñó a montar en bici. Un día de verano, a mi padre se le hincharon las pelotas y dijo "te voy a quitar los ruedines de la bici". Más tarde, aquel día, bajamos al parque, con la bici ya preparada, y me monté. La situación fue más o menos la siguiente:

HIJO IDIOTA: Que miedo.
TROLL-DAD: Tranquilo hijo, que yo te ayudo.

Arrancamos y parece ser que todo va bien, aunque es un decir, yo estoy acojonado perdido.

HIJO IDIOTA: Papá, no me sueltes.
TROLL-DAD: Tranquilo hijo, que no te suelto.
HIJO IDIOTA: ¡Mira que rápido vamos pap...! ¿Papá?

Cuando, iluso de mí, giro la cabeza, me encuentro a mi padre... al final de la calle, entrando en el bar.

HIJO IDIOTA: ¡Papá! ¡Socorro! (me acerco peligrosamente a una farola)
TROLL-DAD: ¡Muy bien, hijo...! ¡Manolo, una caña y una de bravas!
HIJO MÁS IDIOTA AÚN A CAUSA DEL HOSTIÓN CONTRA LA FAROLA: ¡Papá! ¡Estoy sangrando!
TROLL-DAD: .... (glub glub)... ¡Muy bien, hijo, estoy orgulloso!... ¡Gol de España!

La cuestión es que, tras este accidentado comienzo, lo normal hubiera sido que, a posteriori, la simpre visión de semejante artilugio demoniaco causase un hondo trauma en mi psique, pero bueno, si llegué a perdonar a mi padre, ¿por qué no a la bicicleta?


viernes, 25 de febrero de 2011

Un chico de barrio... Sésamo




¿Por qué es tan divertido que un personaje infantil se desmelene? Hoy, durante uno de esos interminables vacíos de clientes, me zambullí en el inmenso mar de tonterías que es YouTube, y esto es lo que encontré.

Volviendo a mi pregunta: ¿Qué hace tan fascinante ver a la Rana Gustavo con una depresión de caballo y un cigarro en la boca mientras toca con su guitarra las baladas más envenenadas de la historia del rock? ¿O presenciar el ataque de un sangriento Teletubbie?

El caso es que, en mi humilde opinión, pocas cosas hay en esta vida que sean más divertidas que ver a Epi (¿O es a Blas?) marcándose un demencial solo de death metal, aunque he de decir que el Espinete punkarra le sigue muy de cerca: