sábado, 25 de abril de 2015

BriBriBliBli


¿Y qué importa...?

Ni sé cuántas veces me habré estrellado ya contra una hoja en blanco. Tampoco qué voy a decir esta vez, ni cuánto tiempo me llevará hacerlo.

Hace tiempo, en una primavera como esta, un día como hoy, sobre mi cabeza no había un techo, sino un montón de árboles. No había una sola nube que impidiera que el sol perfilase a partir de sus ramas sombras que se extendían por la hierba, ni una sola brisa que arrastrase los montones blancos y esponjosos de polen que nos rodeaban.

Estábamos tumbados uno al lado del otro, con la vista clavada en el cielo, dejando que nuestro alrededor nos envolviera. El constante rugido de la corriente del río, el aleteo de los pájaros y el zumbido de los mosquitos componían un ruido blanco que sustituía las palabras, porque solo había una cosa más que decir. Nos miramos y ella me dijo "te quiero".

Yo le estornudé en la cara.

El polen, ya se sabe...

Las cosas no van a salir como las planeas, porque no puedes interferir en las reacciones del resto del mundo. Nunca vas a conseguir que otra persona actúe exactamente de la forma en la que tú quieres que lo haga, porque no depende de ti. Y así es como debe ser, porque todo lo que somos es en realidad lo que nos define: nuestros actos, nuestros pensamientos, nuestras sensaciones y nuestras circunstancias son algo único que no tiene cabida en cálculos ajenos.

Entendiendo y aceptando esto es la forma de empezar a querer, no solo a alguien, sino también algo tan simple como una hoja en blanco. No es cuestión de forzar las piezas para que encajen, sino de resolver el puzzle.

sábado, 18 de abril de 2015

Bien por Lemmy


Hay un dicho por ahí que más o menos nos cuenta que si eliges a un perdedor, debes convertirte en su apoyo hasta el final.

A cuento de algo que ya te contaré, me acordé de una anécdota interesante:

En mi barrio hay una librería en la que se vende Diario de un dependiente, y siempre que voy le pregunto al librero cómo va la novela, si vende mucho o ni para pipas (generalmente es lo segundo).

Un día tuve que ir a imprimir unos apuntes y no me hizo falta ni abrir la boca. "Justo hace un rato me acaban de comprar tu libro", me dice muy contento. Vivo en un barrio de cierto tamaño, pero aun así me dio por preguntar. A lo mejor era algún conocido, ¿no?

Pero no. No tenía ni idea de quién era. Al parecer un señor mayor muy aficionado a la literatura, que se lo llevó tras darle una pequeña ojeada.

Hasta ahí todo bien.

La cosa se pone curiosa cuando tengo que volver, cerca de un mes después, a imprimir más cosas, y una vez más no me da tiempo ni a preguntar. "Ha vuelto el señor que compró tu libro el mes pasado", me dice. "Lo primero que ha hecho nada más entrar fue decir que el libro ese del dependiente era una mierda".

Dediqué un segundo a contemplar su risa mientras decidía si me hacía falta hacer algún alarde de dignidad artística o algo por el estilo, si mi ego de escritor (más o menos) me iba a obligar a enfadarme y soltar alguna respuesta pretenciosa.

Me acabé descojonando yo también.

Y sin conocer a mi peor crítico y con los apuntes bajo el brazo me volví a mi casa, tan orgulloso de mi novela como el padre que felicita a un hijo torpe cuando es titular en algún partido de fútbol de su equipo infantil.

Y Lemmy es una buena muestra de ello. El frontman de Motörhead ha dedicado su vida a los excesos  (aparte de la música) sin mirar atrás, y pese a varios chungos está lo bastante en forma como para seguir tocando temas como este Ace of Spades, del disco homónimo de 1980.

Si eliges a un perdedor...

sábado, 11 de abril de 2015

Blogueros inspirados


Por primera vez desde que el blog es blog voy a hacer algo que no pensaba que haría: enseñarte no solo mi cara, sino también mi escasa biografía.

Como comenté en su momento, el 30 de este mes estaré en el encuentro de bloggers de la Feria del Libro de Valladolid, y hoy sé que dicho encuentro recibe el nombre que veis en la imagen, y añado que junto a mi estarán Carlos del B. Iglesias, de Mis medias mentiras, y Juan Pizarro, de La espinilla cuando besa y el artífice de todo esto.

Y la verdad es que mi foto tiene una curiosa explicación, pero ya me pondré con ello en otro momento. Ahora toca disfrutar, y compartir contigo este instante.

Tema de hoy: Aint Got No, remix de Nina Simone y Groovefinder de 2006.

jueves, 9 de abril de 2015

Castillos de arena


Hay muchos tipos de miedo.

Existen las fobias, ataques de pánico irracional que te bloquean y te impiden hacer determinadas cosas, como volar, bañarte en el mar o ver un insecto. Por lo general son temores inocuos, que no te libran de ningún peligro real, porque el agente que provoca tu terror podría incluso no ser tan dañino como el propio miedo en sí mismo. Por ejemplo, el pánico que te provoca la claustrofobia al ir en un ascensor que se ha quedado parado es lo que te altera, y no el propio espacio cerrado.

Luego hay temores racionales, como el producido por oír un ruido extraño en la oscuridad, o el que te  hace acelerar el paso cuando estás cruzando una calle y ves que se acerca un coche, aunque no esté aún tan cerca como para atropellarte. Son miedos basados en el propio sentido común, creados como respuesta a peligros reales, o por lo menos posibles, e incluso como una muestra de nuestro oxidado instinto de supervivencia.

Y también está el miedo a lo inevitable, el absoluto pánico a una certeza total de algo que va a suceder, está sucediendo o incluso ya ha sucedido. Algunos de estos temores son más específicos, como el que sufriría por no poder mantener a sus hijos un padre o una madre que ha perdido su trabajo. Otros, tan profundos y viscerales que llevan atormentándonos desde el origen de nuestra existencia, dando cobijo a distintos estamentos oportunistas dedicados a lucrarse. Si no existiera el temor a la muerte, ¿qué habría sido de la religión?

Este es el peor tipo de miedo, porque no hay nada que puedas hacer para cambiar las circunstancias que te lo provocan. Tu única opción consiste en vivir con ello.

A mi me asusta el paso del tiempo, como certeza total de algo que ha sucedido, pero no va a volver a suceder porque ni yo soy el mismo, ni el mundo lo es; así como nunca pasa el mismo río por el mismo puente, porque el agua, el caudal y el entorno cambian de forma continua.

Es algo obvio: el tiempo es finito desde nuestro punto de vista, así que tiene un proceso vital que provoca que todo lo que sentimos, todo nuestro amor, toda nuestra amistad, toda nuestra felicidad, tengan fecha de caducidad por su propia cuenta, si se mantienen como elementos inmutables y no se aplica el esfuerzo constante que conlleva cuidarlos.

Si eso es lo que crees, hay una sola pregunta que merece la pena que te hagas: ¿crees que todo esfuerzo conlleva resultados de algún tipo?

jueves, 2 de abril de 2015

Poned a los R.I.P.


En un pueblo las cosas suelen ser distintas de un modo concreto: todo pasa antes. Es como empezar con el trago de vino de la primera comunión, solo que siguiendo después en vez de esperar hasta la adolescencia para dar el siguiente.

Pero no hace falta ir tan atrás para recordar las fiestas en las que todos, con los ojos enrojecidos y vidriosos y la voz ronca, gritábamos eso de "¡Poned a los R.I.P.!" cada vez más a medida que las reservas de alcohol iban menguando.

¿Por qué los R.I.P.?, me preguntó el otro día Jello Biafra mientras, antes de llegar al ecuador del espectacular Via Crucis zamorano en la calle Herreros, pedíamos una de los R.I.P. a un camarero.

Pues no lo sé, pero mola.

La teoría definitiva fue que era fácil de pronunciar con el pedo, así que casi salía solo. Luego me encontré con un chico del pueblo y le comenté que en un bar habíamos pedido una de los R.I.P. y nos habían puesto "ni una, ni dos, ni tres, sino tres seguidas" (primera vez en mi vida que alguien hace caso a la petición en un bar), pero creo que no se acordaba de por qué (me da que bastante tenía con su propio pedo).

El caso es que lo pasamos genial en tierras zamoranas, entre otras cosas intentando sacarnos el carnet de borrachos, así que para despedirme voy a poner una de los R.I,P., fugaz grupo de Mondragón que lleva amenizando borracheras desde principios de los 80.