miércoles, 3 de julio de 2013

Disco fever


A veces redescubro cosas.

Parece una tontería, y en el fondo puede que lo sea, pero me fascina pensar que he vuelto a apasionarme por algo que casi había olvidado que tenía.

Ayer, por ejemplo, llegué a casa después de un examen y pasé de poner la tele. En lugar de eso, puse un disco. Nunca he dejado de escuchar música, pero últimamente me conformaba con ponerme los cascos mientras iba de un lado a otro pensando en el sueño que tenía, o en lo que me quedaba por estudiar. La cuestión es que hace casi un par de meses que no me tomo un descanso para ponerme un disco y escucharlo sin hacer nada más, hasta ayer.

Para cuando acabaron las voces de la intro cantando "Take me back to dear old Blighty" y llegaron los primeros golpes de batería de "The queen is dead", yo ya estaba tumbado en la cama, con la vista fija en el techo y concentrado únicamente en escuchar a los Smiths. A mediados de "Some girls are bigger than others" yo ya estaba pensando en poner el "Master of Reality" de Black Sabbath.

Cuando acabó el segundo disco, ya era la hora de comer, y a mí se me ocurrió que nada acompañaría mejor a la comida que el "Led Zeppelin IV". Y nada más acabar con la pila de cacharros me dije que nada mejor que una relajante siesta al son de Billie Holiday. No llegué a dormirme. Solo dejé que acabara el disco y quise escuchar algo más animado, como el "Outlandos d'Amour" de los Police. Luego recordé algo que había leído un par de días atrás, y quise escuchar "Live and direct" de Aswad.

Volví a tener hambre al desaparecer el sol, así que me puse a cenar, momento que aproveché para pensar que el "Dookie" de Green Day no estaba tan mal. Para cuando las primeras notas del "Z" de My Morning Jacket empezaron a sonar, se me empezaron a cerrar los ojos, aunque pude aguantar despierto hasta que acabó "Into the Woods".

La verdad es que ayer no hice gran cosa, pero me niego a pensar que desaproveché el día. Simplemente, lo dediqué a reencontrarme con unos viejos amigos después de una racha muy atareada.

Volveremos a vernos pronto.

lunes, 20 de mayo de 2013

Sobre los vampiros...

A veces conoces a una persona que parece especial. No. Parece mejor que el resto de gente con quien te hayas encontrado en tu vida.

Y te vacías.

Cuando estás con esa persona eres todo expectativas, aunque no sabes qué es exactamente lo que quieres recibir. Eres feliz. Pierdes la noción del tiempo. Pero cuando dejáis de estar juntos, te das cuenta de que no puedes más.

A veces conoces a una persona que se alimenta de tu energía. Absorbe todo lo positivo que hay en ti y solo deja... tristeza. Una absoluta tristeza.

Entonces empiezas a asociar ideas, y llegas a la conclusión de que dependes de su compañía para sentirte bien. Piensas que la razón por la que no lo estás es porque se va. No prestas atención a nadie que no sea esa persona, y no puedes concentrarte en nada más. Es como si te engancharas a una droga.

A veces conoces a un vampiro emocional, que como es incapaz de buscar sus propias razones para ser feliz, tiene que apropiarse de las tuyas. Pero es culpa tuya. Eres tú quien, en lo más profundo de tu mente, piensa que puede rescatar a esa persona, que puede respirar por los dos. Puede que ni siquiera robe tu energía conscientemente, pero tú sí eres capaz de notar que la has perdido. Tú eres el único culpable al que debes mirar. Tú eres el único responsable de tus adicciones.

Me das asco.

domingo, 19 de mayo de 2013

¿Para qué sirve un domingo?

"Los lunes son el peor día de la semana.
Después de un domingo en el que te dedicas a descansar del sábado, a comer con tu familia mientras ves en silencio cómo tu abuela llena constantemente tu plato, o a lamentarte por lo que te espera cuando pase la noche, la primera señal de que el lunes va a ser un día horrible llega durante la noche del domingo, cuando eres incapaz de dormirte, pero te obligas a ir a la cama, porque sabes de sobra todo lo que te espera al día siguiente.
Y antes de que la luz del sol haga acto de presencia en las calles, una sinfonía de despertadores invade la ciudad. A veces pienso que cualquier transeúnte con buen oído, si lo deseara, podría cerrar los ojos y dejarse guiar por los timbres, como si fuese un murciélago.
Pero no todo lo que suena un lunes por la mañana son despertadores.
—¿Te quieres levantar de una vez? —Me suele gritar mi padre todas las mañanas desde la puerta de mi habitación. Su “amoroso” calificativo es síntoma de que ya he agotado el socorrido recurso de los cinco minutos.
—Sí, papá —contesté yo esta mañana, como de costumbre.
Hay quien tiene que lidiar —y lo hará para el resto de su vida— con el acostumbrado ring ring del despertador tradicional, mientras que otros suelen recurrir a la radio o a su canción favorita. La verdad es que esto último no te lo recomiendo para nada, porque con el tiempo puedes llegar a odiar esa canción que te saca de la cama una mañana tras otra. De todas formas, mi despertador, al igual que lo es todavía para algunos de mis compañeros de facultad, es mi padre. Estoy seguro de que mi cerebro es consciente de que a una hora tan temprana mi cuerpo solo obedece a su voz, e ignora de forma deliberada el sonido de la alarma del móvil. De hecho, siempre he pensado que el día que me independice tendré que grabar la voz de mi padre llamándome vago y cosas así para utilizarla como despertador.
A pesar de todo, hay algo tras el horror del principio de semana, algo semejante a una especie de justicia macabra. Un lunes por la mañana todos los malos pensamientos de cualquier parte se entrelazan en un odio común.
Una maravilla más del mundo desarrollado, suelo pensar a menudo.
Por horrible que me resulte tener que resistirla, un lunes me parece una tortura equitativa, quizás la única que existe. Semana a semana, desde el estudiante más perezoso hasta el obrero más sacrificado, desde el conserje de la facultad hasta el presidente de la empresa más puntera del país, tienen que apagar sus despertadores al mismo tiempo y, movidos por un primitivo impulso, pensar mierda de lunes."

Fragmento de "Diario de un dependiente".

martes, 14 de mayo de 2013

Un día normal, parte 1: Otra vez será.


Pantalla de inicio:

- Estas en tu habitación, recién vestido y preparado para salir. Tu indicador de salud está al máximo. Tu indicador de maná está a medias después de tu táctica de sueño reparador. Sin armas. Bolsa con diez monedas (de euro). Artefactos: Llaves de casa (para entrar en tu guarida).

Personaje:

- Nombre: Student 001.
- Nivel: 70% dormido. 30% apático.

Misiones:

- Principal: Ir a clase y sobrevivir.
- Paralelas: Aún ocultas.

Desarrollo:

- Sales de casa, aún mareado por la escasez de maná. Caminas por la acera. Activas truco: Cruzar sin semáforo. El juego tiene un bug: No dejan de pasar coches. Buscas un semáforo y logras cruzar. Avanzas de pantalla.
- El tiempo se agota, pierdes tu bonus track. Debes enfrentarte al primer adversario: Conserje enfadado (Vidas: 3. Nivel: 50% enfadado. 50% patético). Activas truco: Primera hora en cafetería. A cambio pierdes 25% de vida. Avanzas de pantalla.
- Entras en cafetería. Activas truco: Ponerse delante de la camarera. El juego tiene un bug: La camarera no te detecta. Aparece nuevo jugador: Compañero de clase. Conseguís pedir dos cervezas. El juego tiene un bug: No podéis salir de la cafetería. Se acaban las clases. Pierdes 75% restante de vida y todo tu dinero.

Game over.

(Continuará...)

lunes, 18 de marzo de 2013

The White Stripes: Deconstrucción musical


Lo que voy a decir no sonará a nuevo a los lectores habituales del blog, pero la estructura básica de un grupo de rock quedó fijada de forma prácticamente definitiva por los Beatles.

Desde entonces, todo el mundo suele pensar en un grupo como un conjunto de, por lo menos, un par de guitarras, un bajo y una batería. O al menos era así hasta que, a finales de los 90, una ambigua pareja de Detroit (ya que se sospechaba que no eran hermanos sino amantes) saltaron a la escena musical limitando su  bagaje instrumental a, simplemente, una guitarra y una batería.

Su racanería instrumental también se extendía a su variedad técnica (supongo que Meg White también es conocida por sus amigos como pum-pum-pum-pum... o pum-tss-pum-tss-pum-tss-pum-tss en sus mejores momentos; y Jack White tampoco es que varíe mucho), pero no tenía nada que ver con su talento y su proyección.

Desde el principio supieron hacer mucho con poco, y en abril de 2002 no dudaron en encerrarse en un estudio, con un equipo de grabación hecho polvo y grabar como un tema por día para componer el bombazo de su carrera: Elephant.

¿Creéis que no se puede hacer gran cosa con un bombo, unos platillos y una guitarra? Pues seguro que esto os suena bastante: