martes, 14 de mayo de 2013

Un día normal, parte 1: Otra vez será.


Pantalla de inicio:

- Estas en tu habitación, recién vestido y preparado para salir. Tu indicador de salud está al máximo. Tu indicador de maná está a medias después de tu táctica de sueño reparador. Sin armas. Bolsa con diez monedas (de euro). Artefactos: Llaves de casa (para entrar en tu guarida).

Personaje:

- Nombre: Student 001.
- Nivel: 70% dormido. 30% apático.

Misiones:

- Principal: Ir a clase y sobrevivir.
- Paralelas: Aún ocultas.

Desarrollo:

- Sales de casa, aún mareado por la escasez de maná. Caminas por la acera. Activas truco: Cruzar sin semáforo. El juego tiene un bug: No dejan de pasar coches. Buscas un semáforo y logras cruzar. Avanzas de pantalla.
- El tiempo se agota, pierdes tu bonus track. Debes enfrentarte al primer adversario: Conserje enfadado (Vidas: 3. Nivel: 50% enfadado. 50% patético). Activas truco: Primera hora en cafetería. A cambio pierdes 25% de vida. Avanzas de pantalla.
- Entras en cafetería. Activas truco: Ponerse delante de la camarera. El juego tiene un bug: La camarera no te detecta. Aparece nuevo jugador: Compañero de clase. Conseguís pedir dos cervezas. El juego tiene un bug: No podéis salir de la cafetería. Se acaban las clases. Pierdes 75% restante de vida y todo tu dinero.

Game over.

(Continuará...)

lunes, 18 de marzo de 2013

The White Stripes: Deconstrucción musical


Lo que voy a decir no sonará a nuevo a los lectores habituales del blog, pero la estructura básica de un grupo de rock quedó fijada de forma prácticamente definitiva por los Beatles.

Desde entonces, todo el mundo suele pensar en un grupo como un conjunto de, por lo menos, un par de guitarras, un bajo y una batería. O al menos era así hasta que, a finales de los 90, una ambigua pareja de Detroit (ya que se sospechaba que no eran hermanos sino amantes) saltaron a la escena musical limitando su  bagaje instrumental a, simplemente, una guitarra y una batería.

Su racanería instrumental también se extendía a su variedad técnica (supongo que Meg White también es conocida por sus amigos como pum-pum-pum-pum... o pum-tss-pum-tss-pum-tss-pum-tss en sus mejores momentos; y Jack White tampoco es que varíe mucho), pero no tenía nada que ver con su talento y su proyección.

Desde el principio supieron hacer mucho con poco, y en abril de 2002 no dudaron en encerrarse en un estudio, con un equipo de grabación hecho polvo y grabar como un tema por día para componer el bombazo de su carrera: Elephant.

¿Creéis que no se puede hacer gran cosa con un bombo, unos platillos y una guitarra? Pues seguro que esto os suena bastante:


miércoles, 12 de diciembre de 2012

Grandes de la literatura: Dan Brown



Escribir best-sellers como quien hace fotocopias es todo un talento, y Dan Brown es la encarnación más perfecta de ello. He aquí algunos trucos:

- Libros de cientos de páginas, que así lucen en las estanterías. Lo único que importa es que el lector no parezca tonto.

- Capítulos cortitos, y, a ser posible, que se acaben a mitad de una acción, aunque esta sea "entró y... (fin del capítulo, y principio del siguiente) ...se hizo un bocadillo."

- Trama secundaria pseudoreligiosa que en realidad no dice nada.

- Gente que va corriendo a todas partes y choca con otra gente que lleva en las manos muchos papeles.

- Cosas que están muy lejos, y que cuando llegas son pistas para llegar a otras cosas que están: A) Más lejos todavía, o B) Justo donde estabas al principio.

- El mentor es el malo, o, en su defecto, es uno de sus esbirros, o en su defecto, discrepa con el protagonista en algún aspecto y acaba siendo asesinado, dejando a su protegido como principal sospechoso.

- Volviendo al mentor: Él sabe dónde está todo lo necesario para resolver el enigma (sea cual sea), pero, en vez de decirlo a las claras, suelta un montón de pistas crípticas para dar... sal... a la vida.

¿Preparados para escribir un best-seller?


jueves, 15 de noviembre de 2012

Brian May


Brian May es uno de los músicos más fascinantes que he escuchado desde que tengo orejas (que es desde que me conozco). Por desgracia, cuando su carrera estaba llegando a lo más alto, se convirtió en una de las más célebres víctimas de una interesante enfermedad: el síndrome de anda-coño-pero-si-estabas-ahí.

Por un curioso axioma, la mayoría de la gente (que no toda) que escucha, ve, o simplemente imagina a Queen, acaba centrándose en Freddie Mercury, aquel entrañable zanzibareño de voz prodigiosa, nombre impronunciable y carisma aplastante. De todas formas, no es algo que pueda servir como reproche. La forma de cantar del malogrado frontman no solo llegaba a impregnar cada segundo de sus temas, sino que la música de la banda estaba muchas veces encaminada a potenciar este hecho. 

Esto convierte al protagonista de esta entrada en un llamativo caso de guitarrista cuyo talento era directamente proporcional a lo desaprovechado que estaba. Quizás no sea el único, pero sí que es uno de los que a más niveles combinaba estos dos factores. De hecho, su escasez de momentos para lucirse a la guitarra no le ha impedido convertirse en uno de los guitarristas mejor valorados de la historia del rock.

He aquí algunas razones de ello:

- La primera es obvia: Brian May era, junto con Mercury, el cerebro de la banda. Juntos compusieron casi todos sus éxitos, y, mientras el segundo ponía su talento vocal, el primero llegó a poner guitarra, teclas y hasta su propia voz. Freddie aportó todo tipo de influencias (de rockabilly a música disco), pero May, con su sonido armónico, colocó al grupo en la órbita del heavy metal.

- Él mismo fabricó su guitarra. Antes de su fama, May no tenía dinero para costearse una guitarra en condiciones, así que pidió ayuda a su padre, y, sirviéndose de restos de muebles, recambios de motocicleta, los restos de una vieja chimenea, las pocas herramientas que pudo encontrar y toneladas de paciencia, solventó su problema. El resultado: la "Red Special", un modelo único que, lejos de la chapuza que cabría esperar en otros casos (como el mío), se convirtió en una de sus imágenes de marca, además de un modelo a imitar por diversos luthiers y casas musicales.

- Su púa era una moneda de seis peniques. Con ella, decía, conseguía un sonido más puro y metálico, de modo que decidió utilizarla en toda su carrera con Queen. Incluso en los directos.

- Sus alardes musicales escasean. Otros "guitar heroes", como Page o Hendrix, exponían su talento de forma constante. Brian May no. Él es como los grandes magos. Esconde sus trucos, deja que otros instrumentos envuelvan sus cartas. En algunas canciones casi ni se le oye. Pero luego aparece, obrando el prestigio ante tus ojos, de una forma en la que nadie más puede conseguirlo, empapando la música con su aplastante personalidad y consiguiendo un estilo único, y luego solo puedes seguir mendigando algunas notas con la esperanza de percibir un poco más de magia.

- Por último: May siempre quiso tener una segunda opción, por si no podía seguir en la música, así que optó por la salida más sencilla. Se doctoró en astrofísica.

Así que la próxima vez que escuches a Queen, busca con tus oídos los suaves rasgueos de una moneda de seis peniques. Como dijo el zorro, "lo esencial es invisible para los ojos".

viernes, 2 de noviembre de 2012

De rama en rama


Hay momentos que te marcan de por vida. Es un hecho innegable.

En 1932, sale al público, de la mano de la entonces todopoderosa MGM, "Tarzán de los monos", con el famoso nadador estadounidense (aunque de raíces austriacas) Johnny Weissmüller en el papel principal. El campeón y recordman olímpico se gustó en el papel de Tarzán, y no solo eso, sino que también caló en el público. Acabó protagonizando una docena de películas sobre el rey de los monos, además de convirtiéndose en su intérprete más famoso.

En los últimos momentos de su vida, el deportista y actor deambuló por los pasillos de un psiquiátrico, con la salud destrozada y arrastrando una potente demencia, pues su personaje más célebre acabó por poseerlo. El antaño rey de la selva, convencido de seguir siéndolo, se dedicaba a aterrorizar al personal de la institución mental, profiriendo una y otra vez su famoso grito en forma de gemidos agónicos.

Un simple hito marca la diferencia entre el ascenso y la caída, y, mientras rodamos cuesta abajo, no dejamos de preguntarnos si podríamos hacer algo que pusiera fin al descenso, que nos devolviese de nuevo a esa cumbre que ya nunca alcanzaremos.

Hay momentos que te marcan de por vida.