martes, 30 de diciembre de 2014

Suite para guitarra y orquesta en Mi bemol menor (fuga)


Hola, qué tal, soy lo que Keynes llamaría "un caso perdido".

Llevo un rato largo despierto, pero dedicándome a otros menesteres, aunque todavía se puede considerar que esta es una buena hora para una canción de "buenos días".

Siempre hay algún purista suelto pregonando que la buena música dejó de existir hacia mediados del siglo XIX, y siempre se me ocurre que sería una gran respuesta para ellos un sonoro "¡Pues ponte un puto disco de Yngwie!".

Ya hablé del virtuoso guitarrista sueco en otra ocasión (puede que en más de "otra", si me apuras), pero entre ayer y hoy me ha venido a la mente una anécdota que me dejó bastante marcado.

Fue en un concierto suyo hace ya unos siete u ocho años. Un Yngwie J. Malmsteen visiblemente entrado en carnes subió al escenario ante un público no excesivamente numeroso para el renombre que llevaba consigo el músico. Con una melena alborotada, empapado en sudor y embutido en una camisa con más volantes que tela, empezó a tocar Evil Eye.

El concierto se prolongaba en solos agónicos, con todas las texturas imaginables, llenando el escenario sin necesidad de engordar aún más, mimando a su mítica Stratocaster como si fuese a romperse en cualquier momento, a la vez que torturándola con sonidos imposibles en las manos de cualquier otro guitarrista.

Era jodidamente hermoso. Arte con todas las letras.

Pero tras la interpretación más impresionante que se me hubiera podido ocurrir de su Far beyond the Sun pasó algo. Puede que de pronto se acordara de que no era Bach, sino un metalero gordo tocando ante un montón de melenudos. El espíritu de Keith Moon se apoderó de él, obligándole a blandir la misma guitarra que instantes antes había acariciado como si fuese lo único en este mundo y, ante una audiencia entregada, hacerla migas contra el escenario. 

Aquel arrebato violento que dejó en el chasis una guitarra que en principio no podría pagarme ni aunque me metiese a camello fue, en cierto modo, una catarsis. Me imaginaba una y otra vez a Beethoven volviéndose loco y reventando el piano después de componer una sinfonía, y luego me acordaba de los puristas que alababan la música tildada con el genérico de "clásica" (que por lo visto vale para todo).

Y sin más explicación, aquí queda un tema que explica por sí solo la conmoción de aquel momento. El que quiera meditar que medite.

Buenos días.

domingo, 28 de diciembre de 2014

Loser


Me he metido en un bucle musical.

Buena forma de empezar la carrera hasta las trescientas entradas, ¿no? 

El caso es que ahora mismo no soy capaz de buscar algo nuevo que escuchar, aunque no creo que haya llegado a mi tope de escuchar cosas, si es que eso existe.

Aunque al parecer lo que se me están acumulando esta vez son las dedicatorias, así que esta entrada va para la pesada de Irene, con una lista de razones que hacen que quiera escribir esto:

- Así deja de darme la brasa con este tema cada vez que me vea.

- Se le ocurren cosas como presumir de poder escupir muy lejos, pero luego a la hora de llevarlo a la práctica resulta que es mentira.

- Cuando se ríe ronca, o más bien gruñe como un cerdito, y ese detalle siempre me ha parecido muy tierno a la par que gracioso.

- Si se pone es más cabrona que yo.

- Ni siquiera sé si lee el blog (supongo que lo averiguaré después de hoy).

- Si alguna vez alguien me hace un vídeo para felicitarme por algo, quiero que se lo encarguen a ella, y que reciba libertad creativa total, como Orson Welles con Ciudadano Kane.

- El punto anterior es INNEGOCIABLE.

- Es capaz de ir a recogerme a Mataporculo del Páramo.

- En su casa (más o menos por la zona de Mataporculo del Páramo, pero no el mismo de antes, sino otro Mataporculo del Páramo más lejos todavía) hay un montón de gatos.

- De hecho hay más gatos que vecinos.

- Se ríe mucho (a veces sin gruñidos), y eso te salva cualquier chiste malo.

- Creo que jamás me ha enviado un audio por Whatsapp, y eso lo valoro mucho.

- Es muy susceptible a la denominada "bomba de humo", milenaria técnica ninja de huida (a veces también llamada "cuerda huida" por un videojuego cuyo nombre no recuerdo ahora mismo).

- Es más, es la única persona que puede quedarse sola con una bomba de humo y no darse cuenta.

- A lo mejor te dice que no, o que no ha sido idea suya, pero le gusta disfrazarse.

- Y lo sabe.

- Insisto: escupe realmente mal.

- Y por último y más importante, hay pocas personas que necesiten tan poco para hacer cosas por ti como ir a buscarte a Mataporculo del Páramo, o hacerte compañía cuando estás rodeado de desconocidos en un cumpleaños y beber es tu única salida digna.

En conclusión, Irene mola mazo, al contrario que esa misma expresión. "Mola mazo" no mola mazo.

Irene sí.

Así que aquí dejo el Loser, de Beck, que tampoco mola mazo, y fue básicamente lo que dio la fama al pesado en cuestión, para atestiguar dos cosas a título personal: La primera, que solo he escogido esa canción por poner algo diferente a lo que estoy escuchando estos días. La segunda, que hay veces que la música no tiene nada que ver con el tema del que hablo.

Pero yo estoy bien, gracias.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Y ya van doscientas



Hoy hay pocas facetas en las que pueda ser optimista, pero la perseverancia se encuentra entre ellas. De hecho, siempre la considero una pequeña y solitaria victoria que nadie más puede valorar.

Y no se me ocurre nadie mejor a quien dedicársela que la persona por la que empecé a escribir. Que llegases a mi vida ha sido lo más importante que me ha pasado. Perderte para siempre es lo más importante que he hecho desde entonces.

A veces llegan días negros y solo les sustituyen los grises. A veces cualquier satisfacción, por enorme que sea, se convierte en cenizas al tocar tu boca. A veces esperas que una risa infantil te despierte pero lo único que se mete en tu cama es el frío que se cuela por la ventana para darte patadas bajo las sábanas.

Y me deshago recordando cuando te podía abrazar y consolar mientras le susurraba a mi propia mente que jamás dejaría que nada malo te pasara porque me hervía la sangre solo de imaginarlo.

Ahora todo eso es humo en mi cabeza, formando figuras al azar cada vez que bajo la guardia. Como dijo Walt Whitman, me ha tragado un océano de dolor, pero ya no sé si cabe más de eso en esta nota. Y solo me gustaría poder verte una vez más, y hablarte; o encontrar a alguien a quien poder gritar por todo lo que no he gritado hasta hoy, porque antes solo quería hacerte reír y ahora soy adicto a echarte de menos.

Pero a la mierda, siempre quise hacer algo bonito para ti.

Y ojalá esto lo fuera.

Por eso hoy te dedico cada pensamiento, porque contigo se fue la mejor parte de mí, porque conmigo se quedó la mejor parte de ti, y porque a veces no puedo deshacerme del peor trozo de memoria. Y sobre todo porque por muchas veces que te diga “adiós” nunca bastarán para despedirme del todo.

Y porque si hay alguien por quien quiero seguir en pie, esa persona eres tú.

martes, 23 de diciembre de 2014

Paraisos artificiales


Una frase.

Una simple frase es lo único que ha impedido que la canción prevista viniera con esta entrada, la previa a la 200.

La verdad, soy una persona bastante enfrentada a la dialéctica, y me gusta mucho más esta posición después de andar leyendo a marxistas muertos que ensalzaban a la misma clase obrera a la que párrafos después tachaban de hatajo de borregos estúpidos. ¿Y las palabras son su arma? Si pueden hacer eso con el lenguaje, es que Daniel Day-Lewis tenía razón y las palabras en realidad no significan nada.

Pero las palabras sí que tienen sentido. Un simple sonido puede convertirte en un ente en perpetua caída como el miliciano de Robert Capa, congelado en el momento exacto en el que la frontera entre tu mundo y otro se disipa. Da igual si algo tiene peso o no, porque ahora todo y nada lo tiene al mismo tiempo. Son días de lo efímero, donde las apariencias valen más que el resto, porque no importa lo rico, culto o viajado que seas; sino que lo parezcas más que nadie. Todo es artificial y los conceptos se difuminan, pero las fronteras siguen más patentes que nunca. Vivimos en el mal chiste que le contaría Jimenez Losantos a un internacionalista.


Basicamente es como Rob fingiendo ante Liz que le cuesta decir "te quiero" mientras se dice a sí mismo que solo a un gilipollas le costaría decir algo así. Y es cierto en muchos más sentidos. Decir algo no cuesta nada. Montar revueltas en Twitter es muy fácil. Hasta ese punto hemos banalizado el lenguaje.

Y mientras tanto las calles vacías.

Tal vez sea que el tiempo nos afecta a todos, que nuestra mente moldea las palabras con un torno distinto cada vez. Dan ganas de asomarse a la ventana y ver cómo la propia calle pasa por delante sin hacer nada. Tal vez los edificios que hay delante se derrumben con el tiempo y así seas capaz de notar algo, porque parece ser que lo tangible es inútil.

De momento yo no puedo con una sola frase y me quedo a la espera de la siguiente entrada con ella en la garganta. Sin salir por mi boca, sin traspasar la frontera de mis labios. Vigilante cual personaje de Alan Moore.

¿A veces ser feliz qué poco cuesta? No, a veces cuesta tanto...

domingo, 21 de diciembre de 2014

Me


De aquellos barros, estos lodos.

Ayer empecé la noche en un cumpleaños al que ni siquiera debí haber sido invitado. La idea era llevar bebida, así que me planté allí ante un montón de desconocidos con mi botella de ron, en plan Long John Silver, e hice la única cosa digna que podía hacer ante un montón de personas con conversaciones ajenas a mi.

Beber.

Terminó el cumpleaños y me las ingenié para escapar sin ser visto (la bomba de humo es mi especialidad) y dejarme caer por otra fiesta, la de un amigo que llegaba de una barra libre.

A lo tonto empezó a juntarse gente mientras vagábamos de bar en bar. No sé qué celebraba la gente, pero me llovían cervezas gratis de todos los lados. En cierto momento tuve hasta dos a la vez. Sin embargo, el mayor descubrimiento fue uno de los compañeros de equipo de mi amigo. Cada cosa que salía de su boca daba como resultado un descojono general; como cuando apareció un tal "Guindi", específicamente, el "Guindi" de un pueblo de la zona (porque se conoce que hay varios y se reparten por territorios), a la puerta del bar en el que estábamos, y cuando salió el dueño a echarle la bronca (yo que sé por qué), el colega de mi colega empezó a andar de lado, como los cangrejos de mar, cantando "yo me voy por mi izquierda, yo me voy por mi izquierda..."

Y luego apareció una canción que he buscado hoy por puro acto reflejo, ya que de lo pegadiza que era se ha abierto paso tras los nubarrones de mi señora resaca, y que ahora puedo identificar como Ella (tu piel morena) de Viceversa. Os recomiendo buscarla porque no tiene desperdicio.

Pero la elegida de hoy, a las puertas de mi entrada 200, va a ser este tema del Forever de Perkele, porque más o menos me hace pensar que no me equivoqué ayer (ni tantas otras veces) haciendo un desvío en la ruta para tomar algo con un amigo, lo cual siempre viene bien.

Feliz resaca.

sábado, 20 de diciembre de 2014

Fools gold (o diez cosas que he aprendido en los últimos días)


Llevo un par de días encadenando celebraciones, y he aprendido unas cuantas cosas en todo este tiempo. Por un lado me he vuelto más sabio, y por otro más tonto.

¿Pero qué he aprendido realmente de todo esto? He aquí mi lista random:

1- La frase "por un lado me he vuelto más sabio, y por otro más tonto" es una gilipollez (esto lo he aprendido ahora mismo).

2- El mismo pensamiento cortoplacista que dio lugar a la ley de protección de la seguridad ciudadana (tildada, y con razón, de ley mordaza) puede dar lugar a la desaparición política de los que intentan protegerse detrás de ella.

3- No es fácil encontrar gente que se apene por el amago de Angry Birds en la sede del PP de la calle Génova, lo cual debería preocupar a más de uno. Que te estrellen un coche a la puerta es un buen termómetro de tus niveles de popularidad

4- Puede suceder que el hecho de meterte en la cama con dos chicas no sea una experiencia tan agradable como pueda parecer así de oídas (o leídas).

5- A veces organizar una cena no implica cenar.

6- Queda apenas un par de entradas para alcanzar las doscientas publicaciones en esta santa casa.

7- Lo anterior me ha costado un huevo en comparación con lo rápido que llegué a las cien.

8- Trabajar de resaca es una mierda, aunque sea durante poco tiempo.

9- Ya sabía que nada sale nunca según lo planeas, pero puedo aplicar esto también a las sorpresas. Las sorpresas no salen bien, ni salen mal, son sorpresas. Para todo el mundo. Luego ya depende de si son sorpresas agradables o desagradables.
10- ¿Cómo saber si ya no eres un crío? Prueba a desaparecer por dos días con el pretexto de "es que he quedado" sin que nadie te llame ni una sola vez durante ese plazo. Si al volver no hay más que un comentario sarcástico al respecto esperándote, lamento decirte que estás específicamente a las puertas de la prórroga de tu juventud. Aprovéchala.


Bola extra: Con respecto al número 10 de esta lista, si el comentario además de sarcástico es malintencionado, lamento tener que decirte (y de momento me alegro de no ser tú por ello) que dicha prórroga se acerca a su fin. Aprovéchala MUCHO.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Killing is my business... and business is good


Se me va de las manos el autocontrol por momentos.

Hoy toca una actualización pequeñita, porque mañana tengo mucho lío por cosas que no vienen al caso (y que no me da la gana contar... de momento).

La cuestión es que flipo con que haya gente tan interesada que ni siquiera sea capaz de ocultarlo, cuyo concepto de medrar consiste en rebajarse ante supuestos superiores para que los aúpen hasta donde no quieren llegar a base de esfuerzo.

El título de la canción del disco homónimo con el que Megadeth se lanzó por primera vez al mercado en 1985 tal vez aporte una pista de lo que pienso al respecto de este tipo de gente, así como de otros muchos hipócritas que se dedican a ello de mil formas distintas; porque hay muchas maneras de mentir y manipular a los demás, tantas como posibles objetivos; aunque formas de tomárselo no hay tantas:

1- No te enteras.

2- Te das cuenta pero te gusta y sigues el juego.

3- Te das cuenta y te pones a escuchar thrash metal a toda hostia para dar salida a cada cabreo tonto (al final grupos como Megadeth, Metallica, Slayer, Exodus... van a hacer más por la tranquilidad que el Valium).

Menos mal que se acercan las vacaciones.

martes, 16 de diciembre de 2014

Old School Love


Vale, esta vez arranco el día con una novedad que me llega por Twitter.

Es poco lo que sé de High Voltage, de momento. Son un grupo de Madrid (y su nombre no es lo único que me recuerda a AC/DC) que me ha empezado a seguir en la mencionada red social, y me ha entrado curiosidad por ver qué hacen.

En YouTube me crucé con Old School Love, single de su recién salido disco con el mismo nombre, y la verdad es que a juzgar por este tema suenan a mil cosas distintas. Los riffs tiran un poco a los temas más rockeros de Led Zeppelin, y por momentos a AC/DC; sin embargo, el estribillo (de lo más potente del tema) casi me suena a New York Dolls. Lo escuchado hasta ahora me sabe a poco, pero me deja buen sabor de boca.

Luego sigo buscando y me topo con su disco en Amazon (lo podéis pillar haciendo click aquí), donde veo nuevas referencias en versiones, como la de Chuck Berry (Johnny B. Goode) o la de los Rolling Stones (Brown Sugar), y me pregunto: ¿qué tal le irá por aquí a un grupo de estas características? Pensando en ello, no se me ocurre ninguno que se acerque a ese estilo, y en especial cantando en inglés.

Puede que tiren por lo clásico, pero son una apuesta arriesgada. De momento su disco queda entre mis futuribles, y su single entre mis canciones madrugadoras.

Buenos días.

domingo, 14 de diciembre de 2014

Sex on the farm


Todavía huelo un poco a Madrid.

El viernes salimos a las 8:00 a.m. para que nos diese tiempo a ver todo lo que íbamos a ver (que era mucho, tal vez demasiado), y el bus decidió que lo mejor era ir por nacional en vez de por autopista (aunque luego se comiera el peaje igual).

La paletada por la capital (como bien dice una de las protagonistas de esta historia, a la que, por aquello de las alusiones a terceros y el anonimato, llamaremos Jello Biafra) estaba a punto de comenzar, y los ánimos caían desde antes de bajar del bus, cuando todos estábamos en pie con los abrigos y las mochilas encima, deseando que se abrieran las puertas por diversos motivos dependientes de una misma razón: bajar de ese puto infierno rodante.

La profesora encargada de la práctica (a la que llamaremos Teddy Bautista), harta de vernos pulular por ahí, gritó "¡Sentaos!", y se hizo el silencio. Yo, que todavía iba empanado, no me enteré de nada y grité "¿Cómo?".

Ese era el nivel.

Llegamos a la tumba de Goya con muy poco respeto por el finado, si os digo la verdad, imitando con menos vergüenza que criterio un acento maño que acababa derivando en versiones decimonónicas de Violadores del Verso (entre otras cosas).

Mientras pasaban los sitios por nuestros ojos (y nosotros por los propios sitios), Jello Biafra, yo y otra compañera a la que llamaremos Janis Joplin, acabamos formando una especie de núcleo antisocial, hasta las pelotas de la clase, Teddy Bautista y Madrid (por el contexto) a partes iguales.

Había otro compañero más sociable, al que podríamos llamar PSY (¿No te gustaba el K-Pop?), y que a lo largo de la mañana iba y venía según le fuera pillando entre foto y foto (la verdad es que sí que parecía un guiri el cabrón). Janis, Jello y yo empezábamos a dudar de su fidelidad al bloque antisistema, pero cuando llegó la pausa para comer (y tardó en llegar), nos guió lejos de la masa de seguidores de Teddy Bautista hasta el retiro, donde Janis sacó un par de LPs...

La pena es que nos dejásemos por el camino a Nick Holmes. Y encima era su cumpleaños.

En fin, que afectados como estábamos por la música de esa sucia hippie, el mundo se volvía raro por momentos, y empezábamos a no saber ni la velocidad que llevábamos. 

Jello Biafra: ¿No vamos muy despacio?
Yo: No lo sé.
Janis Joplin: Nosotros vamos bien, el que va muy rápido es PSY.

En estas que llegamos a una cafetería frente al estanque, con una camarera muy maja y una buena B.S.O., que se volvió aún mejor cuando empezó a sonar Libertad sin ira, y Jello Biafra proclamó "¡eh, la canción de Miguel Ángel Blanco!".

Armados de café (que falta nos hacía), llegamos al palacio de cristal, donde alguien, no sé quién, estaba haciendo una performance, no sé cuál, y el buenrollismo de las bandas ambulantes que tocaban villancicos por todo el parque fue sustituido por un sonido que no sé si podríamos llamar música. Algo nos petó los pocos circuitos que nos quedaban sanos, entramos en contacto con el Maestro Constructor de Lego (poco después me coronaría divagando sobre si era el Maestro Constructor de Lego o el Maestro Constructor del Ego, porque entonces me pareció metafísico de la hostia), y entendimos el arte.

Se nos olvidó a los dos minutos.

El Museo del Prado ya fue el apoteosis. Llegamos en medio de otra performance muy distinta, que consistía en mantener la compostura y parecer normales (la jodíamos cada vez que abríamos la boca, eso sí), y volvimos a escindirnos del grupo en lo que tardamos en dejar los abrigos (igual es que Jello Biafra tenía razón e íbamos muy despacio).

Sin correa que nos sujetase, dimos rienda suelta a todo lo que teníamos dentro, con PSY dando por culo, Janis Joplin alabando la capacidad expresiva de Goya, Jello Biafra queriendo chupar Los Fusilamientos del Dos de Mayo, y yo dándome sustos porque la gente se había vuelto repentinamente sigilosa.

En cierto momento, me quedé fascinado con haber pillado WiFi cuando noté que Janis Joplin me estaba hablando.

Janis Joplin: ¿No nos encontraremos ahora con los de clase?
Yo: Estarán viendo lo de Goya.
Janis Joplin; Nosotros estamos viendo lo de Goya.
Yo (tras levantar la mirada del móvil): Ah...

El ambiente empezaba a resultar cargante. Necesitábamos que nos diera el aire como el comer (que también lo necesitábamos), así que fuimos hacia la salida. El problema es que El Prado tiene unas cuantas. Nos volvimos a separar de PSY, que se quedó embobado con alguna otra obra de por ahí, y tomamos las primeras escaleras que pillamos, siguiendo los cartelitos en la pared en los que ponía "salida". Y cuando llegamos...

Esta no es la salida del guardarropa.

Y vuelta a empezar. Las esculturas parecían todas iguales, llegábamos a salas en las que no había más salida que la puerta por la que acabábamos de entrar, y yo no podía hacer nada más que acelerar el paso y descojonarme.

Janis Joplin: ¿Pero de qué te ries?
Yo: Ah, ¿que a ti no te hace gracia?
Jello Biafra: Yo me quiero ir ya, ¿qué estamos haciendo?

Y por fin apareció PSY.

Nos enganchamos a una fila de japoneses y, aprovechando su rebufo, dimos con el mostrador de las audioguías y pudimos enfilar el pasillo para llegar al guardarropa, coger nuestras cosas y salir a la calle, donde el aire ya se llevó los restos más gordos de la caraja. Solo quedaba el viaje en bus, con la boca como una alpargata y sin apenas comida ni agua en las mochilas.

Menos mal que siempre hay un bar abierto cerca.

Paró el autobús, y Janis Joplin partió hacia la facultad, dejando una vacante en el grupo que tuvo que ocupar el cumpleañero, useasé, Nick Holmes. PSY, Holmes y yo somos hombres por definición, pero Jello Biafra prácticamente lo es por filiación, así que para prolongar los últimos retazos de la odisea madrileña, acabamos recurriendo al socorrido tema de hablar de chicas.

Especial mérito a Jello Biafra por recuperar el concepto de "mujer gamba", que no oía desde que iba al instituto, de modo que la única chica del grupo era en realidad el más hombre de los cuatro.

¿Y por qué el título de esta entrada es Sex on the farm? Eso queda en las conciencias de sus protagonistas, como lema perpetuo a un viernes que permanecerá siempre en nuestras memorias.

Aunque seguramente no nos volvamos a acordar de ello...

jueves, 11 de diciembre de 2014

Yo, Yomismista


No quiero tener nada que ver contigo.

Subnormal, ¿te tragaste todo el rollo del ser sociable por naturaleza? Pues vete a por libros de autoayuda sobre cómo no ser totalmente gilipollas y asfixiante. O a tomar por el culo, si lo prefieres.

Sales a la calle y te encuentras con todo de cara, aunque lo quieras ignorar. Sobre todo ahora, cuando la calidez de las luces de navidad se mezcla con los mendigos a la puerta de los supermercados y las iglesias. Y aunque lo ignores puede que más tarde te quejes sobre eso mismo desde la barra de un bar. Organiza cuanto quieras, hipócrita de mierda, eso no te cambiará por dentro.

Charlas,  concentraciones, manis...

¿Sabes lo que pasa? Que hasta en la lucha de clases hay clases. Si quisieras darle la vuelta a todo sería a través de involucrarte, de establecer conexiones con gente que te importa una puta mierda para labrar un objetivo común, y hasta en ese punto me juzgarás, lanzando una puta mirada por encima del hombro para hacer tu día. ¿Quieres hablar de lo que has leído? ¿Marx (y si es así seguro que habría sido solo por poder decir que lo has hecho)? ¿Hegel? ¿Althusser? ¿Sartre? ¿Maréchal? ¿Max Nettlau? ¿El puto Orwell? ¿Crees que se basa en eso? ¿Crees que tienes más ideas por haberte obligado a leer a más autores? Porque si es así te equivocas, todas tus ideas son plagios de quienes tuvieron las suyas, y hasta un analfabeto podría saber cuándo le están dando por el culo y cuándo no. Sabes que solo es por presunción, por la importancia que te das al ir por ahí como si fueras una libreta de citas de Thomas Müntzer andante. 

En el fondo te importa una mierda. En el fondo te importo una mierda. Sabes que no me necesitas. Es lo mismo que tienes cuando vas a una charla que te da igual para poder decir que has ido. Solo quieres participar de ello, porque es tu forma de "ser sociable por naturaleza". Ya solo sabes ser así.

Pero yo paso, hoy prefiero discurrir paralelo a todo, y por eso me dedico esta canción del disco más antisocial de Def Con Dos. Recargando (2004).


Y la persona a la que va dirigida esta entrada sabe quién es perfectamente. Tu canción no es esta, sino la que puedes encontrar pinchando aquí.

Que te jodan.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

King George


Algo curioso sobre el tiempo:

Puede que haya gente a la que le sorprenda saber que los de la foto eran Dover en sus tiempos. De hecho, casi parecen esa gente que sabe hacer música pero parece demasiado fea como para estar en la portada del disco. Y que conste que para hacer ese juicio me estoy basando en que estos:


son Dover a día de hoy.

¿A qué viene esta historia? En plenos noventa, siendo yo un chaval, aparece un grupo español que se come el mercado haciendo un rock muy parecido al que podría venir de una escena tan específica como la de Seattle. Toques punk en las guitarras, ritmo agresivo y una voz femenina muy rasgada que combinaban como si hubiesen ido juntos de la mano toda la vida. Y lo más raro: cantaban en inglés.

De pronto, todo el mundo hablaba de Dover. Yo me iba a comer un domingo a casa de mi abuela, y mientras me daba la propina me soltaba "oye hay unos tíos que tocan de puta madre". A un amigo de la infancia le gustaban especialmente, porque Dover (como me pasó a mi ni más ni menos que con Soziedad Alkoholika a una edad bastante temprana) supuso su acercamiento a muchos otros grupos.

Hasta que llegó 2006.

Ese mismo año, de la mano de EMI, aparece Follow the city lights, y Dover hace algo más que pasar de la imagen de arriba a la de abajo. El rock alternativo con toques punk, voz rota y ritmo agresivo desaparece para dar paso a una especie de electropop con sintetizadores que no se usaban desde que Sting tenía acné y lo que algún hipster llamaría "estética retro". Mi amigo de infancia se lavó las manos y dijo que podrían meterse su disco nuevo por el culo. 

Yo no quisiera juzgarlos de un modo extramusical (y su cambio de dirección me pareció una basura), pero la imagen que dieron fue la de ser gente a la que no le importa venderse, cambiar música por estética y demostrar que la pose anterior era impostada.

Y luego resulta que el vendido es Fito.

En fin, por lo menos quedan cosas que no se pueden borrar, como este King George, primer sencillo del disco que en 2001 les debió de suponer todo un dolor de huevos/ovarios, ya que su título, I was dead for 7 weeks in the city of angels, alude tanto a problemas de grabación como a una gripe que dejó para el arrastre a Cristina Llanos (vocalista y la más cambiada de la foto).

Y con esto, buenos días.

lunes, 8 de diciembre de 2014

La flama


Hace un rato me he acordado de aquel capítulo de Los Simpson en el que Homer, creyendo que es sábado, se dedica a vaguear en el sofá hasta que Marge le recuerda que no es sábado, sino miércoles, y le toca ir corriendo a la central nuclear. Luego, vuelve a aparecer descansando, y regocijándose en el placer de un verdadero sábado al mismo tiempo que maldice esos miércoles-sábado como el que casi le cuesta el empleo.

Hoy no es un miércoles-sábado, pero sí un lunes-domingo, y ambos son días de mierda por lo que conllevan per se, así que el malestar psicológico que causan se une a la rareza de pasar un lunes "a la fresca", tratando de ignorar una frase subconsciente que no para repetirse.

Deberías estar preocupándote por algo.

La confusión también es un motor de funcionamiento humano. Hacemos cosas raras para no sentirnos fuera de lugar, al igual que las hacemos precisamente por ello. Es como terminar un puzzle y ver que falta una pieza, como ver una peli en el ordenador y que el cursor no se haga invisible.

Es extraño.

Mucho.

De cojones.

Así que nos dejamos llevar por la confusión, con un estúpido sentido arácnido zumbándonos en el oído sin que ningún peligro real se manifieste, sin garantía de recuperación de las horas que pasan muertas y alejan algo que no conseguimos identificar.

Y un chute de energía para despedir-comenzar la semana y quitarse de la cabeza estas mierdas será La flama, canción que da nombre y abre el disco de 2004 de Obrint Pas.

Felices dudas.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Vintage


Hay domingos que no cambiaba por nada.

La gracia de muchas cosas radica en lo que Newton llamó el principio de acción y reacción. A cada acción le corresponde una reacción, tanto igual como contraria. Si yo cojo una piedra, la reacción igual es que la piedra se levanta del suelo; y la contraria es que la piedra tira de mi hacia el suelo con la misma fuerza con la que la levanto. En otras palabras, que pesa.

Esto significa que hay ciertas consecuencias a cada acción.

Sin embargo, si no puedes con tu alma un domingo, pero piensas en el sábado anterior y al rato te estás descojonando, es que tu reacción contraria merece la pena.

Y ayer, además de todo lo que hoy me hace descojonarme pese a mi resaca, encima me acabaron regalando un sombrero (no sé por qué me hacen tanta ilusión, pero ya tengo alguno que otro, y a veces no sé ni de dónde coño salen).

Y para alargar la calma del mañaneo, hoy me quedo con Vintage, de Puto Largo (de Dogma Crew) y su disco de 2011, Mi toque de color. A lo mejor un lunes no podría soportar esta canción (en la que participa Legendario, también de Dogma Crew), pero hoy sí. A pesar de que su mensaje sea prácticamente lo contrario a lo que quiero transmitir, el ritmo acompaña y con eso me vale. 

Feliz domingo.

sábado, 6 de diciembre de 2014

El mundo de la cultura. ¿Vendidos o comprometidos?


Anoche me topé con esta emisión de La Tuerka sobre el arte, la dimensión y el papel del artista y su intervención en la sociedad, y la verdad es que me atrapó por completo.

Atención a algunos momentos, como la entradilla de Pablo Iglesias y las intervenciones de Fernando Castro y César Strawberry porque no tienen desperdicio. Del mismo modo, Nega tiene también buenas participaciones, pero a veces queda un poco retratado frente al profesor de estética de la UAM por tener un discurso algo encorsetado (aunque en líneas generales da muy buen nivel en el debate).

Y en lo referente al tema que se trata, voy bastante en la línea de lo que dicen el líder de Def Con Dos y el filósofo del arte (salvo por su intervención final). Un artista que se precie debe tratar de eliminar barreras que distorsionen su obra, sean del tipo que sean; y también me suscribo a lo dicho por Neorrabioso: la obra de arte no tiene unas obligaciones políticas que tal vez si podría tener el artista en su faceta humana.

No me expandiré mucho más en esto porque bastante tengo con ciertos seminarios de estética, pero en comparación, este programa es francamente refrescante, sobre todo por enfrentarse a una faceta del arte a la que tal vez no estén acostumbrados muchos historiadores del arte.

Espero que os guste.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Hoy es el cumpleaños de Ozzy


Y no es una excusa para salir.

Hoy, 3 de Diciembre de 2014, "The Madman" cumple 66 años, que si tuviera un 6 más en su carnet ya sería perfecto para él.

Ozzy salió de una infancia pobre en Birmingham al estrellato que catapultó a Black Sabbath al dar con el heavy metal con una vuelta de tuerca a la que no llegaron otros pioneros. El hombre que el día que fue expulsado de su grupo le dijo al ya fallecido Ronnie James Dio que más le valía llevar un chaleco antibalas si se le ocurría cantar una de sus canciones, actualmente es uno de los pesos pesados de la escena y todo un "Tío Gilito", ayudando todavía a algún que otro grupo a plantar una pica en el panorama musical del metal.

Sinceramente, no soy muy fan del Ozzy en el que se ha convertido Ozzy, pero mentiría si dijera que no flipé cuando escuché por primera vez el Paranoid y el Master of Reality, así que creo que es justo rendirle un pequeño homenaje.

Y además, aprovechar para recordar a Randy Rhoads, uno de los mejores guitarristas que han pasado por el mundo de la música, con una de las canciones más conocidas de Ozzy Osbourne: Crazy Train. De hecho, es una versión en directo en la que destaca más el fraseo de Rhoads que la voz del cantante (de hecho no sale muy bien parada), pero parte del encanto de Ozzy radica en que no es un buen cantante, sino un tipo carismático que se come el escenario (y alguna que otra cosa, recordando su famosa anécdota).

Por mi parte, que cumplas muchos más.

martes, 2 de diciembre de 2014

Judas


Mi canción de buenos días de esta semana va a ser más familiar.

Estuve pensando en Riazor Blues, que es mi verdadera canción favorita de este consagradísimo grupo de Orense, pero dado lo que pasó el domingo, lo dejo para otra ocasión menos triste.

De todas formas, justo después en la lista iría este tema que abre Si yo fuera Dios, uno de sus últimos discos de estudio (a pesar de ser ya de 2003). La canción se me cae un poco por el final, pero la entrada es espectacular.

Como curiosidad extra: Los Suaves fueron uno de los grupos que vi en el primer concierto al que he ido en mi vida, en la plaza de toros de Valladolid, y la verdad es que es posible que la tocaran (por la fecha, creo que estaban con la presentación del disco), pero el sonido era tan malo que casi no podía distinguir las canciones.

Por suerte, esta sí se oye bien.

Buenos días.