lunes, 9 de septiembre de 2013

A relaxing cup of café con leche


He tenido que tirar la tele.

Lo juro, apagarla no era suficiente. Incluso me había llegado a plantear un encierro hasta que un meteorito destrozase el plató de los Manolos, pero no quería esperar tanto.

El lloriqueo por el fracaso de la candidatura de Madrid (una vez más) esta vez está alcanzando un volumen inaguantable. Durante meses la prensa no ha hecho más que contarnos que una abrumadora mayoría apoyaba esa candidatura, que era la sede favorita, que la infraestructura ya estaba casi lista, y muchas bobadas más para dejar a más de uno y de una con el babero puesto. 

De hecho, se dijo tanta basura que es difícil centrarse en todo, así que lo mejor será ir por partes:

- Las encuestas son una mierda, aunque sean vuestras. Hubo un periódico que dijo que el 96% de los españoles apoyaba Madrid 2020. Supongo que el 4% restante, según ellos, estaría compuesto por radicales antisistema. Si al becario explotado de turno le enviasen a preguntar al personal sanitario que se está manifestando con los recortes y al que no están haciendo ni puto caso, a todos los que se quedan a las puertas de seguir estudiando por falta de dinero, o al español de cada cuatro que no encuentra trabajo ni a tiros, todos los redactores del país se tendrían que meter un enorme 96 por el culo.

- Hay mucha gente de a pie que no se tragaba vuestras olimpiadas. Se está convirtiendo en una tradición que los Juegos Olímpicos dejen un cráter de pérdidas en cada ciudad por la que pasan, destacando ediciones desastrosas como Pekín, Atenas o Montreal, con inversiones millonarias que dejaban en ridículo el margen de beneficios. El País de los Recortes no puede ni soñar con estar preparado para acometer semejante desembolso.

- También dijeron que más del 80% de las infraestructuras estaban listas, lo cual nos hace suponer que en Japón y en Turquía no hay ni campos de tierra. Si se hubiera aprobado la candidatura de Madrid, para 2020 habría más de una instalación obsoleta, más de una sin terminar, y hasta algún que otro barrio por desalojar, por eso de no dar mala imagen. Quizá sea demasiada tela que cortar para un país incapaz de deshacerse de la crisis.

- Madrid no era favorita. Más de un medio se dedicó a enjabonar bien la candidatura, diciendo que era la mejor posicionada en casas de apuestas y demás morralla, pero Tokio fue la que se llevó las mejores valoraciones del C.O.I.

- ¿Los puestos de trabajo que crearían los Juegos Olímpicos? Todos sabemos hasta cuándo iban a durar esos puestos. Todos sabemos qué empresas se iban a encargar de todo. Todos sabemos quiénes iban a ser los beneficiados de Madrid 2020. No hay más que echar un vistazo a la lista de patrocinadores para darse cuenta.

- Vamos a ser sinceros: ¿desde cuándo en España se ha prestado interés alguno al deporte base? Aquí solo interesa el fútbol. Solo hay un par de deportes más a los que se presta atención únicamente cuando los gana algún español, y la gran mayoría ni eso (no hace mucho que Mireia Belmonte señalaba, y bastante acertadamente, que importaba más el nuevo peinado de Sergio Ramos que los récords que ella acababa de batir). ¿Cuántos eventos deportivos acaban emitiéndose a las tantas de la madrugada en TDP? ¿Cuántas becas deportivas se han suprimido? ¿Cuántas veces van ya que España acaba hundida en el fango del medallero olímpico? Y eso por no hablar de los amaños y el dopaje, con una Operación Puerto que daba vergüenza ajena, y unas directivas que han apoyado más el espectáculo que la deportividad.

Madrid no se merecía unos Juegos Olímpicos, pero insiste en presentarse una y otra vez. Puede que la espina clavada de Barcelona 92 sea demasiado irresistible, o puede que solo sea el ansia de ofrecer una ostentación que haga creer al resto del mundo que España es un país a respetar. Lo único que está seguro es que eso no pasará hasta que no se solucionen los problemas que de verdad hay que resolver.

Y, por supuesto, si hay que volver a enviar a Ana Botella a algún sitio, que sea al exilio.